sábado, 7 de junio de 2008

Funny Games, en América

Una familia feliz está en camino a su casa de verano, en el CD Player está sonando Haendel y Mozart y entre los dos esposos están jugando a adivinar qué tenor está cantando y todo lo relacionado con la aria de ópera que están escuchando. Abruptamente los oboes y los violines de la música son interrumpidos y asesinados por el cruel sonido del jazero loko, John Zorn, y los gritos endemoniados del vocalista japonés de su banda, Yamatzuka Eye, mientras los créditos de la película aparecen como si fueran explosiones de sangre en toda la pantalla y con letras rojas aparece dos simples palabras: “Funny Games” del director austriaco Michael Haneke.

Esa es la primera escena que vi en el monitor del club de video en el que estaba ayer comprando juegos para Play Station 2, me acerqué al mostrador y pregunté a la dependiente sobre la película y, sin siquiera mirarme ni darme bola, la mina agarró la caja y me la paso a mis manos rápidamente. La portada mostraba a dos personajes vestidos de blanco, con las cabezas gachas y con las miradas totalmente alocadas, el subtítulo decía, I´ll bet they´ll be dead by morning y fue suficiente para que el pulso se me acelerase y directamente saque la billetera para comprarme una copia pirata. Funny Games, o como se la tradujo en el español, Juegos Divertidos, resultó ser toda una obra de arte en el género del terror cruel, sádico y totalmente basado en el lado oscuro de la mente humana, Funny Games es una película de terror, pero con ciertos tintes de humor que solamente ciertas cabezas enfermizas pueden notarlo.

La película es un remake de una versión austriaca que se estrenó ya en 1997, y, debido a que nunca se pudo estrenar en EE.UU, el director decidió hacer su versión para América, sin cambiar nada en absoluto del guión original.

Según algunos críticos, esta versión podría ser la mejor manera de introducrise a la obra de este director cuya mente compleja plasma en celuloide las más originales ideas sobre violencia y terror psicológico.

En la trama dos adolescentes secuestran a una familia para torturar a cada miembro de ella, simplemente por el hecho de pasarla bien. Haneke, el director, ya produjo este film en su natal Austria, y el año pasado se estrenó el remake americano, una copia de toma a toma de la versión original. En esta nueva versión están incluidos en el casting Tim Roth, en un papel totalmente distinto al que estamos acostumbrados a verlo, Naomi Wats, quien hace que el film tenga su sello norteamericano, el fabuloso Michael Pitt, quien es el heredero definitivo de la locura en el cine independiente americano, y Brady Corbet, cuya cara de perturbado haría poner la carne de gallina hasta al mismísimo Triple H.

Funny Games es una película muy perturbadora, no recurre a ningún trucaje ridículo al estilo Hostal 2 para hacerte sentir, en tu propia naturaleza humana, los efectos de la violencia y del horror en su más pura esencia. Al escuchar el saxo estridente de John Zorn me di cuenta de ello, ya que al carecer la película de banda sonora y solamente recurrir a Zorn para determinadas escenas de violencia psicológica, la cosa quería decir que iba en serio, ¿por qué?, por que John Zorn es cosa muy seria.

Haneke decidió recurrir a ese elemento ya en la primera versión estrenada en Austria y al margen de la estética kubrikniana que podría presentar la peli, con sus claras referencias a la Naranja Mecánica, la historia es definitivamente más americana que europea.

En ciertos momentos, Paul, el líder del dúo asesino, decide incluirnos a nosotros, los espectadores, en su malévolo plan, y a pesar que uno siente la atracción por participar en esta horrible orgía de dolor, todavía se puede decidir no hacerlo, si es que uno tiene los marcos de la moralidad muy bien definidos y construidos, pero si uno decide simpatizar con los dos asesinos (que es muy fácil hacerlo) quiere decir que los instintos criminales dentro podrían ser más fuertes de lo que uno pensaba. Ese es tal vez el elemento más perturbador de Funny Games, y que es un desafío mental para quienes gustan de desafiarse a sí mismos. La genialidad de Haneke va más allá de presentarnos una simple película de horror erótico y humorístico y salta a la vista que Haneke no recurre a la erotización de la violencia, con lo que resulta más coherente y sincero que toda la bola de directores de horror que aparecieron últimamente, cuya facilidad en la venta de sus películas está más basada en la cantidad de boobies que se muestran a lo largo de la cinta (sin contar a los koreanos y japoneses, claro).

En mi humilde punto de vista, Funny Games bate record en violencia psicológica explícita, sin mostrar ni una sola gota de sangre en sus imágenes. Claro ejemplo de ello es una toma en plano general que dura más de 15 minutos, en él se ve a los tres miembros de la familia luego de haber sido brutalmente torturados por los adolescentes, en la primer parte solo suena el sonido de un televisor sintonizando un programa de deportes, en la segunda mitad el silencio es abrumador. Solo unos cuantos movimientos de la madre en desesperación te dan cuenta de que la trama continúa. No hay cortes, la misma imagen patética por más de 15 minutos. Inaguantablemente genial.

Haneke dijo en una entrevista: "Estoy buscando maneras de demostrar la violencia como es en realidad: es algo que no se puede tragar. Quiero enseñar la realidad de la violencia, el dolor, y las heridas de otro ser humano".

La película se estrenó en abril y el DVD estuvo a la venta recién a partir del 4 de mayo, llegando la copia pirata a Bolivia el 7. Espero que llegue algún día la versión austriaca.

¿Cómo termina la película, siendo que ésta es una versión norteamericana?, ¿El típico plano general de la casita con patrullas de policías rodeando los jardines y el padre de familia dándole la mano al jefe de la cana? Eso es algo que no se puede contar, pero, definitivamente, lo único que se puede hacer es recomendar la peli en un cien por ciento, no sólo para distraerte en una tarde de domingo aburrida, si no para disfrutar de cine memorable, de ese cine que después de una semana te acosa con sus imágenes en tu cabeza, cosa que últimamente resulta difícil encontrar.

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