domingo, 14 de septiembre de 2008

David Foster Wallace se suicidó

Ha muerto otro grande la vida, ha muerto uno más que no aguantó el peso de vivir el careterío de la fama mezclada con una infernal realidad en la que la muerte reina más allá de cualquier otro fenómeno humano. Ha muerto David Foster Wallace, periodista, loco y visionario.
El cable de Reuters simplemente titulaba “Escritor norteamericano David Foster Wallace es encontrado sin vida en su casa”, y Foster se convirtió en amigo mío cuando supe que este sujeto era el periodista que cubría toda la campaña de Jhon Maccain para la revista Rolling Stone; que cubrió el 11-S; que escribió en Playboy; en Might, GQ, Playboy, The Paris Review, Harper's Magazine, Conjunctions, Esquire, The New Yorker, y Science, las revistas que rompen con todo el sistema periodistico y se lanzan a relatar hechos desde un punto de vista más subjetivo, pero también muchísimo más legible y lleno de verdades obvias, elemento del que carecen la mayoría de los periodistas y escritores del mundo entero (para que siquiera hablar de Bolivia).
El trabajo ficticio de Foster se centra en sus dos novelas The Broom of the System y Infinete Jest, cuyos contenidos de depresión, tenis, centros de rehabilitación, stress, y otros pedos típicos de la modernidad cotidiana hicieron que su nombre sea considerado entre los 100 mejores autores de la literatura contemporánea mundial.
Literatura mueble. Convertida en uno de esos grandes aparadores donde se van abriendo cajones de los que salen retazos para trazar un gran mapa del único tema de sus novelas: born in the USA.
David Foster Wallace decía: "escribir ficción asusta, pero escribir sobre lo no ficticio es aún peor, porque la no ficción está basada en la realidad, y hoy la realidad que sentimos es abrumadora y enormemente compleja".
Esa realidad fue la que al final lo mató, lo hundió en el lodo de su propia complejidad y terminó colgándolo de una viga en su casa de Clearmont California.
Juan Fracisco Ferré escribe sonbre Infinet Jest: La broma infinita es quizá el ejemplo más extremo de narrativa anular: un anómalo bucle novelístico girando en el vacío cultural de su insidioso tiempo, una novela invertebrada, sin principio ni fin, en la que la narración se autorreplica indefinidamente fundiendo una cantidad inagotable de materiales enciclopédicos. En este sentido, más que de novela, cabría hablar, como hiciera Calvino, de hipernovela: una novela de novelas, un texto inabarcable y múltiple construido mediante el bombardeo selectivo de las estructuras, soportes y cimientos de la narración moderna, convencional o no. Así, entre las muchas novelas y metanovelas que construyen con su adición al infinito la compleja textura narrativa de La broma infinita se encuentran una novela política sobre el destino paródico de América (ahora, la Interdependencia de la ONAN); una novela cómica sobre la desnuclearización de la familia nuclear (la familia Incandenza, entre otras); una delirante novela de espionaje y terrorismo (con travestismo incluido) entre norteamericanos y canadienses; una novela didáctica sobre la rivalidad moral entre un tenista superdotado y depresivo (Hal, segundo hijo de Incandenza) y un delincuente drogadicto en rehabilitación (Donald Gately); una novela irónica de ciencia-ficción sobre un territorio biotecnológicamente modificado; una truculenta novela sobre alcohólicos, drogadictos, la demencia y otras patologías de la conducta; una novela psicológica sobre una academia de tenis (fundada por el cineasta Incandenza y regida por su promiscua esposa, Avril), sus tenistas aspirantes, la disciplina ascética y la ideología competitiva; una novela anafrodisíaca sobre las conquistas sexuales de un famoso jugador de fútbol americano (Orin, primogénito de Incandenza); una inconclusa novela de amor entre un ex adicto (Gately) y una ex musa fílmica con el rostro velado a causa de la terrible belleza de su rostro (Joelle Van Dyne, alias "Madame Psicosis"); una novela fantástica sobre una película asesina; etc. Pero La broma infinita es, sobre todo, una melancólica suma narrativa sobre las variadas formas de la adicción, la monomanía, la toxicomanía, el enganche y la entrega obsesiva: "Todos nos morimos por entregar nuestras vidas quizá a Dios o a Satán, a la política o a la gramática, a la topología o a la filatelia; lo que sea es secundario para esta voluntad de entregarse de forma total".
No me queda más que decir: Paz en su tumba, David Foster Wallace.

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