lunes, 27 de octubre de 2008

La nota roja del blog

La ciudad de Potosí es la perla de los Andes, es la Villa de don Carlos V de España, es la madre que alimentó al mundo con leche de plata durante siglos. Por todo ello Potosí rompe con la linealidad de la realidad urbana boliviana con historias de leyenda que sobreviven desde las épocas en las que los españoles dominaban el continente.
Potosí es uno de los lugares más altos del planeta (4060 msnm), y allá el oxigeno y el frío hacen que la atmósfera sea única en su clase. El sol crea texturas de colores nunca antes vistas por el ojo humano; el viento sopla sonidos muy sutiles que poca gente puede percibirlos, tanto el frío que hace como el calor humano crean una sensación que, para determinado tipo de personas puede ser intolerable, y para otros, es como sentir la gracia de haber nacido y sentir el ser humano en su más pura y cruda esencia. Todas esas características hacen que Potosí sea el lugar donde la identidad boliviana aún permanezca intacta, como conservada en un museo.
Pero estos anteriores párrafos no son para hacer una apología de esa ciudad ni nada por el estilo, si no simplemente para ambientar la siguiente noticia que sin duda alguna rompe con los esquemas de lo publicado anteriormente en este blog. Esto, claro, con el objetivo de mantener cierta parquedad en los posts, ya que para alguna gente la crónica roja puede resultarles de muy mal gusto, o definitivamente chocante. Por ello, y con esa breve introducción me adentro en el tema que trata sobre un caso de asesinato muy peculiar ocurrido en la ciudad de Potosí y que sin duda, está clasificada como crónica roja. (Estamos en semana de Día de Muertos, o sea que valga la oportunidad).
Las historias de crónica roja en el resto de las ciudades bolivianas recrean historias típicas del bajo mundo urbano. En esos lugares el espíritu del alcohol reina y se apodera de las mentes de la gente para cometer los actos delictivos más tortuosos de la sociología citadina (la mayoría de ellos relacionada con la violencia doméstica). Pero en Potosí el rey demonio es otro, y cuando se apodera de la mente de alguien éste comete el crimen llevándolo a un extremo casi ritual, como si la muerte común fuera considerada como de baja ralea.
En el mundo de ese demonio la muerte debe ser planeada, provocada, atraída, como si se tratara de atrapar un rayo en un costal de caito.
A esa conclusión se llega si se conoce la historia de la crónica roja en Potosí, donde a mediados de la década de los años cincuenta se sabía de un asesino que descabezaba mujeres amarrándoles un collar de cachorros de dinamita en el cuello. En 2006 también un estudiante de medicina asesinó a un indigente para venderlo a su facultad para realizar estudios de anatomía.
Potosí es donde en siglos pasados se quemaron más brujas que en cualquiera del resto de las ciudades que ahora conforman esta realidad llamada Bolivia.
Pero basta de preámbulos y vayamos a la noticia. Se trata de una nota roja difundida por la agencia de noticias ANF y reporteada por el periodista potosino Jaime Menduiña, uno de aquellos que vivió el 60 por ciento de su vida en el siglo XX cubriendo la noticia como un buen reportero de cepa. Nótese el tenor en el que está escrito el cable. (Gracias camarada, y disculpas a ANF por la pirateada).

El titular dice simplemente: JÓVEN DE 19 AÑOS ES DESCUARTIZADA POR SU EX ENAMORADO.

“El descuartizamiento del cuerpo de una joven de 19 años por su ex enamorado produjo un impacto profundo en la población potosina, sobre todo cuando se conoció los detalles del macabro hecho delictivo.
El caso fue conocido por la Policía el domingo pasado, cuando vecinos de la zona de Jesús Valle, cercana a la nueva terminal de buses, llamaron a la entidad verde olivo (la policía) para denunciar la existencia de restos humanos dispersos a lo largo de las calles de ese lugar. Tras atender el macabro caso, los efectivos policiales detuvieron a I.L (de 20 años), a quien se le acusa de haber supuestamente cercenado en seis partes el cuerpo de su ex pareja.


La historia de la detención

Los vecinos vieron a I.L, de 20 años deambulando por esa zona. El joven portaba un maletín color café en las manos, y se encaminaba hacia uno de los cerros circundantes al lugar. La actitud del foráneo generó sospechas en la gente del barrio quienes llamaron a la policía para denunciar su presencia.
Cuando descendió del cerro, se encontró con efectivos policiales que lo detuvieron para hacerle las preguntas de rigor, sobre todo para saber más sobre el misterioso maletín que en ese momento ya no estaba en su poder.
La presión del interrogatorio y la presión psicológica del detenido hicieron que revelara que dicho maletín estaba enterrado en las faldas del cerro al cual subió momentos antes. Allá fueron los agentes de la policía porque presumían que se trataba de un simple caso de hurto de dinero.
Grande fue la sorpresa de los investigadores quienes al desenterrar el maletín se encontraron conque dentro estaba la cabeza cercenada de la infortunada joven, el resto del cuerpo estaba envuelto en bolsas negras y eran los miembros que la gente vio en las calles, antes de que denunciaran el caso a la policía. L. había regresado al lugar del crimen.
En sus primeras declaraciones que hizo al Ministerio Público L. reveló que el sábado por la noche tuvo una riña con su víctima, a quien empujó con un fuerte golpe, tras de lo cual cayó al suelo y quedó sin sentido.
Dijo que al evidenciar que el cuerpo yacía sin vida, atinó a cercenarlo para sacarlo de su domicilio por partes y así evitar sospechas.

El Ministerio Público conjuntamente la policía viene investigando el hecho, en tanto el presunto victimador guarda detención en el penal de Cantumarca.”

Bueno, claro que en México las cosas son peores, allá encuentran cabezas y miembros por decenas cada semana, pero de todas maneras no deja de sorprender que un caso como estos suceda en Bolivia, lo que si, en lo personal no me sorprende en que haya sucedido en Potosí.

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